“La biología de la creencia”

Bruce Lipton es doctor en Biología Celular y pionero en la investigación con células madre. Sus estudios sobre la membrana celular y las modificaciones de las células según el entorno sentaron las bases de la nueva epigenética. Es autor de varios libros, entre ellos “La biología de la creencia”.

El entorno determina el destino de la célula
Bruce Lipton cuenta que ya trabajaba con células madre en la década del 60 y que en esa época había muy poca gente ocupándose en ello. “Un experimento que hice en esa época cambió la idea que tenía del mundo -explica Lipton- puse una célula madre en una placa de petri (instrumento de laboratorio de base circular de 1 cm. altura aproximadamente y con tapa) y, como cada diez horas la célula se divide en dos, al cabo de dos semanas, tenía miles de células, todas idénticas. Tomé algunas de ellas, las coloqué en otra placa y cambié el entorno celular, es decir cambié la química en esa placa y ahí formó músculo. Después tomé otras células de la primera placa y las puse en un entorno diferente, y se formó hueso, y otras se convirtieron en grasa al volver a cambiar el entorno. Entonces, ¿qué controla el destino de las células? -se pregunta el científico- todas eran idénticas, lo único que era diferente era el entorno. La conclusión es que cuando tomo células sanas y las coloco en un entorno nocivo, las células enferman y mueren pero, si las colocas en un entorno sano y saludable y las células sanan. Los humanos somos una comunidad de 50 trillones de células, por tanto, la célula es el ser viviente y la persona es una comunidad.” -asegura el investigador-.

La mente controla
“El entorno celular para nosotros es la sangre, por ello la composición de la sangre cambia el destino de la célula y a la sangre la controla el sistema nervioso, que crea una química diferente según el medio externo. La diferencia entre la célula y el ser humano es que éste tiene una mente que hace una interpretación y la célula lee el entorno directamente. Y -aclara- la mente controla, si piensa de una manera, se va en una dirección y, si piensa de otra, se va en otra. Por ejemplo, pensar en alguien que amo hace que mi cerebro segregue dopamina, oxitocina, etc. y esa química trae salud a las células. Pero si veo algo que me asusta, segrego hormonas del estrés, y éstas hacen dos cosas: la primera es que deja de haber crecimiento y la segunda es que se apaga el sistema inmunitario. Frena el crecimiento porque si me está persiguiendo un león, -ilustra el biólogo- necesito toda la energía para poder escaparme, y mi organismo apaga todo lo que no sea imprescindible para correr más rápido, así que se paraliza todo lo que tiene que ver con el crecimiento. Tenés que crecer todos los días -sostiene- porque, si no, te morís, cada día cientos de billones de células mueren y tenés que ir produciendo nuevas. Cada tres días, el sistema digestivo renueva sus células, pero si se interfiere con ese crecimiento, entonces no puedo estar sano porque estoy perdiendo demasiadas células al día -advierte-. La segunda consecuencia es que se cierra todo aquello que usa energía, y el sistema inmunitario usa muchísima energía. La medicina usa este efecto en los trasplantes de órganos porque el sistema inmunitario rechazaría un órgano que no reconoce como propio, por tanto utilizan hormonas del estrés y eso impide que el sistema inmunitario funcione.”

Los pensamientos son más poderosos que la química
“La medicina está basada en la física de Newton, no reconoce la energía, esa parte invisible, las señales electromagnéticas pero, a principios del siglo XX, apareció la física cuántica, que dice que todo es energía, lo que podemos ver y también lo invisible -desarrolla Lipton- .
Si mirás dentro del átomo, hay electrones, protones, neutrones. ¿Y qué hay dentro?: Energía -afirma-.
La ciencia más reciente indica que el cuerpo responde a la física cuántica, no a la newtoniania. La medicina cuántica dice que lo que hay que cambiar es la energía, porque es mucho más poderosa, porque el campo energético responde primero que el campo físico. La mente es energía, cuando pensás, transmitís energía, y los pensamientos son más poderosos que la química.”-asegura.-

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